II Fecha XC Laguna de Aculeo 2011
A 72 kilómetros de Santiago se encuentra la Laguna de Aculeo, y en ella se realiza -desde hace más de 20 años- el tradicional circuito de Cross Country organizado por Olimpo Producciones.
La segunda fecha de esta competencia de 26K se desarrolló este sábado 18 de junio y contó con la participación de más de 200 deportistas, quienes desafiando las inclemencias del terreno y del clima pudieron alzar sus brazos al cielo y cruzar la meta… Esa podría ser una descripción certera y breve sobre este evento, pero lo que en verdad involucra participar en esta competencia es mucho más, y aquí les comento en primera persona cómo la viví.
Laguna de Aculeo
Debo comenzar mencionando que por motivos laborales desde el martes 07 de junio me encuentro trabajando en Concepción (VIII Región), y para estar presente en la Laguna de Aculeo tuve que tomar un bus a las 22:30 hrs. del viernes, viajar seis horas, llegar a Santiago de madrugada, luego ir a mi casa en Maipú, y posteriormente manejar por la Ruta 5 Sur hasta el Camping Los Alamos, donde se lleva a cabo este evento. El viaje por la carretera se hizo mucho mas grato en compañía de Eduardo Hermosilla, Jorge Ravelo –quienes participaban por primera vez en esta competencia- y mi señora, que desde hace algunos meses me acompaña a todas las corridas donde participo, lo que agradezco en el alma.
Al llegar al camping se respira un ambiente tremendamente amigable, de cercanía con todos los participantes, casi familiar, y es que por cada fecha hay 200 inscripciones solamente, número que Rodrigo Salas –Olimpo Producciones- desea mantener a pesar de las constantes solicitudes de aumento. La entrega de números se realiza de manera ordenada en unas caballerizas que también sirven de punto de abastecimiento, con frutas, galletas e hidratantes. Algunos deportistas realizan el precalentamiento, otros conversan, unos se arreglan su indumentaria. A las 09:50 hrs. nos llaman a encajonarnos en el punto de partida, ya la humedad y el viento comienzan a hacer mella en nuestros cuerpos. Se entregan las últimas instrucciones por altavoz, y llega la cuenta regresiva.
Los primeros kilómetros transcurren entre tierra y piedras, en un terreno semiplano que permite tomar velocidad y ritmo constante de carrera. Avanzo y dejo atrás a tres corredores que conversan sobre la posibilidad de lluvia frente a las nubes amenazantes que oscurecen el recorrido. Comienzan las subidas, y la primera es bastante empinada, quiero sobrepasar a dos mujeres que van a unos veinte metros de distancia, pero la inclinación no me lo permite, respiro y sigo corriendo. Los desniveles del terreno son numerosos y si uno no se dosifica puede agotarse en el camino, ya que el primer y único punto de abastecimiento en el recorrido se encuentra en el kilómetro 15. Luego de varias subidas, bajadas, y semiplanos entre tierra y piedras, llego a la parte pavimentada del circuito, donde me siento más cómodo, ya que tradicionalmente entreno en las calles del centro de Santiago. Vuelvo a tomar buen ritmo de carrera, a una velocidad constante, y comienzan a caer las primeras gotas de lluvia que refrescan y se agradecen.
Comienzo a pasar corredores, atravieso un puente y sigo por una recta interminable, una línea de deportistas se ve a lo lejos y la lluvia parece que será compañera por el resto de la competencia. Llego al punto de hidratación (15K) con la ropa mojada, y las zapatillas expulsando agua, tomo dos vasos de líquido y a continuar, paso al lado de una corredora, la miro y me dice “VAMOS, contra viento y marea”, sonrío y continúo mi carrera.
Llueve copiosamente y el viento comienza a soplar más de lo normal, tengo frío, los pies nadan dentro del calzado y mi sudor se mezcla con cada gota de lluvia que me golpea, comienzo a recordar que nunca he corrido bajo estas condiciones, excepto cuando jugaba futbol en la Liga La Reina y cayó un tremendo aguacero que obligó al arbitro a suspender el juego… Acá, no hay nadie que toque el silbato, debo continuar. Trato de mantener la velocidad a pesar de todo, pero se hace imposible, las ropas pesan, las rodillas se resienten y los dedos de los pies casi ni los siento. Los kilómetros pasan lentamente, no alcanzo a ver a ningún corredor delante de mí, pero deseo sobrepasar a alguien, sé que atrás vienen varios con la misma intención y me propongo que ellos no lograrán su objetivo. Debo correr más rápido. Según mi cuenta, luego de pasar el segundo lomo de toro en la ruta debería venir el desvío al camping, paso el primero y me animo. Veo el segundo, la gente que transita rápido y con paraguas me ve sin decir nada, me ven pasar como un loco, y me lo cuestiono. Paso el segundo lomo de toro, me comienza la ansiedad de llegar pronto, pero luego de un rato llega un tercer sobresalto y ya no tengo ni la menor idea de cuanto falta. Se ha hecho interminable esta corrida. La lluvia no se detiene, las manos las tengo heladísimas, los ojos me pican con el sudor, por fin veo a un corredor, es del Team Correcaminos, lo distingo por su colorida polera roja y el dibujo de Condorito, trato de alcanzarlo, pero me lleva ventaja. Sé que queda poco, el camping debe estar cerca, sigo al correcaminos que de un momento a otro desaparece, veo el aviso de desvío, trato de apurar mi paso, miro para atrás y no veo a nadie, sigue lloviendo y el camino en este tramo es un barrial, lleno de posas, piedras y muy resbaladizo, el correcaminos me saca mucha ventaja y me resigno a no alcanzarlo, solo quiero cruzar la meta. Corro por la recta antes de ingresar al camping y todo esto me parece genial, tengo sentimientos encontrados, estoy exhausto, molido, con mucho frío, mojado completamente, pero no quiero que se termine.
Ingreso, se escucha una voz por altoparlante, veo la meta, ya hay varios corredores que han llegado, me animan: “VAMOS, VAMOS, NO QUEDA NADA”, los miro y sonrío, esta corrida lamentablemente está llegando a su fin. Corro los últimos metros, dicen mi nombre por los parlantes, anuncian mi llegada, no quiero hacerle el quite a las últimas posas, me mojo más, cruzo la meta y alzo los brazos al cielo… Este Cross Country ya es historia.
Mi nombre es Juan Pablo Muñoz, soy Periodista y desde hace más de un año trabajo en el proyecto


